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7 de dezembro de 2016

Tamina Šop vence prémio tradução Miloš Đurić 2016 pela sua versão sérvia de O Manual dos Inquisidores

Tamina Šop vence prémio de tradução na Sérvia com obra de Lobo Antunes

A tradutora Tamina Šop venceu o prémio Miloš Đurić 2016 pela tradução para sérvio da obra "O Manual dos Inquisidores", de António Lobo Antunes, foi hoje anunciado pelo Camões Instituto da Cooperação e da Língua.

edição sérvia Geopoetika, 2016
tradução de Tamina Šop
O livro [em sérvio "Priručnik za inkvizitore"] foi publicado na Sérvia pela editora Geopoetika, com o apoio do Instituto Camões e da Direção Geral do Livro, dos Arquivos e das Bibliotecas de Portugal.

De acordo com o instituto, pela primeira vez desde 1968, quando este prémio foi criado, um livro de literatura portuguesa vence na categoria de prosa, depois da tradução de uma parte da obra de Fernando Pessoa, por Jasmina Neskovic, ter recebido o mesmo reconhecimento na categoria de poesia, nos anos 1990.

Em "O Manual dos Inquisidores", publicado em 1996, António Lobo Antunes conta o desmoronamento de uma família da alta burguesia do antigo regime, rica e considerada, centrando-se na figura do patriarca, um influente e poderoso governante do regime de Oliveira Salazar.

A acção decorre antes e depois do 25 de Abril de 1974, relatando a mudança drástica na vida da família, com a queda do regime fascista.

A entrega do prémio Miloš Đurić 2016 realiza-se na quarta-feira, às 18:00, na Associação de Tradutores Literários da Sérvia, em Belgrado.



Fonte: Lusa
06.12.2016

23 de setembro de 2016

Manual de Inquisidores, por Víctor Molinero

En este libro hay voces, un enjambre de voces que crean confesiones - acaso monólogos - para un entrevistador fantasma, que no se ve, que no aparece; acaso eres tú, preguntando por la causa de las cosas, por la razón que motivó que sucediera así. Todas esas voces engendran desde las palabras, desde frases redondas, desde adjetivos recónditos, desde verbos cúbicos; un bosque de huesos que van modelando esqueletos, que van cubriéndose de carne, de venas, manos, brazos, caras y de cabellos, hasta concebir la pequeña multitud de personas que pueblan el libro: gentío o, a veces, chusma, que nace y muere desde la figura de un ministro del dictador portugués Salazar. Ministro moderno con alma de Inquisidor viejo, que decide sobre la vida y la muerte, sobre la tortura o el calabozo en aquel añejo Portugal; hombre que arrastra su figura carnavalesca caída y vencida en su vida privada; que es germen, entonces, de este bosque de personajes que hablan de él y, a la vez, de ellos mismos y de sus propias mentiras, de sus medias verdades, del paso del tiempo, de sus miradas oblicuas, de sus perezas, de sus torpezas inherentes, de sus escasos triunfos… Confesiones que llenan huecos, a veces, como polvo antiguo, otras veces los rellenan con cemento que nace de la mezcla de la mentira y del olvido. En este libro hay puertas abiertas donde ya no entra nadie, hay puertas cerradas donde el pasado se ha quedado allí encerrado, repitiéndose una y otra vez, intentando volver a empezar de nuevo.

Lobo Antunes cuenta, desde la voz de muchos personajes, una visión de sus vidas y la de las personas que los rodearon; en un juego de “relato” de una historia y “comentario” como respuesta a aquel. Los personajes hablan, sí, de ellos mismos y también de un mundo esférico de protagonistas que orbitan alrededor de ese Ministro de Salazar. Recompone esas existencias como si fuera un rompecabezas que debe reconstruirse para ver el conjunto final. La particularidad del libro la pone esa combinación de historias y respuestas que permite ver a los personajes como si cruzaran en medio de dos espejos: por uno se ve su frente, por el otro su espalda, de tal modo que se verán todas las visiones: la triste, la enfadada, la realista y la irónica, hasta configurar una historia casi circular .

“Manual de inquisidores” es la constatación escrita, casi documento notarial, de la podredumbre que rodea a las dictaduras; es la radiografía en la que se ve que la gangrena se extiende por un estrato social y va invadiendo a todas las personas que toca, como un gesto de afirmación de los que sustentan el poder con los pobres, de los importantes con los débiles, de los que se creen que son algo con los que no pueden serlo… aún. Pero ser poderoso, ser hijo de poderosos, ser el amigo o la favorita de los poderosos, no te impide que puedas ser partícipe de su caída, de la mayor de las derrotas; allí donde la ola se ha alzado alta como una casa, es desde donde cae en un hervidero de espumas, maderas podridas y peces muertos. El poder tampoco evita fracasos personales, casi los provoca en ese hartazgo que se produce cuando el pequeño dios, el sátrapa del oeste atlántico,  es visto en zapatillas, con olor a sudor y tabaco pasado, con la baba derritiéndose en su barba. El libro es una oscura visión no solo del hombre como depredador político, es también la mirada sombría, con los ojos bajos, de la vida de las gentes en busca de amor, sea el de pareja, sea el del deseo nunca correspondido. Y es también un manifiesto contra las consecuencias del paso del tiempo, del olvido que lo rodea, y de la soledad que con ello se soporta.

Los universos propios que se mueven en estas páginas se van cruzando, entrechocando, fundiendo, repeliéndose y moviendo a lo largo del tiempo y del tiempo. Esas vidas que cuenta son vistas desde el pasado y el futuro, en lugares diferentes, en situaciones diferentes, en derrotas y victorias, en locuras y verdades, en la dictadura y el revolución, en los calabozos y en los hospitales, en el desprecio y en el amor, en todas esas cosas en las que se debe fijar un narrador para describir la vida; nuestra vida, vuestra vida o la vida de un plenipotenciario, duro y, después, decrépito ministro de una dictadura tan degenerada que pudrió su mundo.

Pero “Manual de inquisidores” es tan oscuro en lo que cuenta en sus temas, en todos esos personajes perdidos, abandonados por la historia, o por su familia, o por el amor, o por la simple vida; es tan cerrado en sus ubicaciones de casas pequeñas y pobres o en casas ricas pero rodeadas de odio, o en la quinta del ministro rica y derrotada a la vez; como hermoso en cómo lo cuenta. Cada una de las partes en las que se divide el libro, esas entrevistas, monólogos o confesiones; son una larga frase en la que aparece la poesía; pero no es esa poesía de rima y verso, ni siquiera es prosa poética, es esa que nace de la combinación exacta de ocurrencias iluminadas, de frases y palabras hermosas, atadas con ideas y visiones extrañamente bellas y rápidamente originales para el tema del que trata. Y en el que, como si un rezo fuera, alguna frase se repite como los misterios de un rosario profano en los que el mundo de cada personaje en ese instante se circunscribiera a esa locución, a esa pregunta o a esa exclamación que va y vuelve en el texto como si fuera las luz de un faro.

Siempre estaré buscando la solución al enigma, el perfecto secreto, por el que las cosas más terribles o las visiones más tristes, pueden ser contadas de la forma más bella; ese contraste que solo se halla en las tormentas en el mar, en los relámpagos más brillantes, en las fauces más abiertas, en algunos cuadros de Caravaggio, en algún Requiem, como el de Fauré; y que aquí aparece, simplemente, en el reverso y en el anverso de unas hojas unidas con pegamento.


por Víctor Molinero
en Libros y Literatura
03.09.2016

22 de fevereiro de 2015

António Carinha - O Manual dos Inquisidores: a escrita com música, a casa sem telhado

Há uma família rica. O pai é ministro, recebe a visita do professor Salazar, que o ouve para decidir os destinos do país, têm criadas e uma governanta, uma quinta com boa casa, jardins cuidados, uma boa vida.

Há uma família pobre. O filho vive numa casa destelhada, com janelas sem vidraças, recebe a visita da filha para ralhar com ele, nos jardins cresce capim, as cuecas misturam-se com os talheres na gaveta da cozinha.

A família é a mesma. A casa também. Os tempos é que mudaram. A família rica vivia no tempo da ditadura. A família pobre surgiu com a revolução que, em Portugal, no dia 25 de abril de 1974, tornou os portugueses livres.

- Livres de quê?
já que a miséria permanecia a mesma só que com mais gritaria, mais bêbedos e mais desordem por não haver polícia
[…], cansaram-se de besuntar os muros a giz, o do café desistiu do acordeão, os doentes do hospital continuavam na cerca a sua procissão de agonizantes […]

Nesta obra, António Lobo Antunes expõe as glórias e as misérias de uma família que conheceu a degradação em proporção inversa ao poder do passado. Poder que fazia com que o senhor doutor, ministro de Salazar, mandasse prender ou colocar em liberdade, com um rápido telefonema, quem o seu humor do momento indicasse. Mas que também o levavam a ter atitudes de afirmação bacoca, no íntimo do seu lar e, muitas vezes, no íntimo da servidão e dos corpos das suas empregadas.

O meu pai de mão aberta na nuca da filha do caseiro, uma adolescente descalça, suja, ruiva, suspensa das tetas das vacas acocorada num banquinho de pau, a filar-lhe o cachaço e a obrigá-la a dobrar-se para a manjedoura sem largar os baldes de leite, o meu pai outra vez escarlate a esmagar-lhe o umbigo nas nádegas, de cigarrilha acesa apontada às vigas do tecto sem que a filha do caseiro protestasse, sem que o caseiro protestasse, sem que ninguém protestasse ou imaginasse protestar, o meu pai tirando a mão da minha nuca e designando com desprezo a cozinha, os quartos das criadas, o pomar, a quinta inteira, o mundo
– Faço tudo o que elas querem, mas nunca tiro o chapéu da cabeça para que se saiba quem é o patrão.

O poder no seu lado mais obscuro, o poder das atitudes no recanto do lar, o poder que ninguém ousava contestar, é aqui muito trabalhado e alcança mais profundidade do que o poder da governação, mau grado os anseios do senhor doutor, que desejava ter sido ele a substituir Salazar. Quando recebe Caetano, que ocupou o lugar do velho ditador, trata-o com desprezo.

o senhor doutor numa cadeira de braços apontando ao professor Caetano uma cadeira sem braços, e se eu rodava a maçaneta a aparecia com o tabuleiro do bule e das chávenas e o prato das torradas afastava-me com as costas da mão antes de o professor Caetano poder abrir a boca
– Este Presidente do Conselho não bebe chá Titina

É o desprezo de que também irá sofrer, causado pelo filho, que também será desprezado, pela vida, que não lhe reconhece o estatuto de antigo ministro, pelas ordens que deixa de dar, essencialmente na privacidade das suas empregadas, na cozinha da casa, na urgência de uma vaca que quer parir.

Titina é a velha governanta que lamenta nunca ter sido assediada pelo patrão. Mais tarde, esquecida num lar da Misericórdia de Alverca, também desprezada, aguarda o dia em que o filho do senhor doutor chegará para levá-la.

[…] um destes dias vem a Alverca buscar-me, entra pela Misericórdia dentro com aquela segurança, aquela majestade, aquela autoridade, afastando a terapeuta ocupacional como se afasta um moscardo aborrecido

A terapeuta ocupacional é uma das vozes que contribuem para a riqueza polifónica de O Manual dos Inquisidores. Comentando a sua vida pessoal e profissional para o autor de um livro, explica o seu processo de divórcio e propõe uma obra ao autor que a escuta. Com ironia, Lobo Antunes brinca com a peculiar fama dos advogados, com a vizinha, médica, que fazia muito barulho nas suas brincadeiras sexuais num prédio onde tudo se ouvia, e com a proposta aparentemente ingénua da terapeuta que quer fazer relatos da sua vida numa «estalagenzinha no norte».

a médica que o ano passado acabou por engravidar, calar-se e trazer paz a Odivelas que os restantes condóminos são normaizinhos benza-os Deus, dois ou três impulsos a despachar que já não é nada mau e chega, e só tornei à cama derivado ao Adérito se embeiçar por uma rapariga lá da agência de viagens […], ainda me foram ambos a Odivelas na esperança de levarem metade da mobília e as prendas de casamento da família dele e eu acompanhada pelo advogado, a erguer a ceifeira
– Tira daí o sentido
o advogado que esse sim me ficou com a mobília e as prendas de casamento na conta que me apresentou a seguir ao divórcio, se quando terminar este livro lhe apetecer escrever um romance de advogados traga o gravador, vamos para um sítio calmo, uma estalagenzinha no norte, eu dito-lhe num fim-de-semana do primeiro ao último capítulo
[…]

Lobo Antunes usa a carnavalização para acentuar caraterísticas ou até para, embora com menos frequência, provocar o leitor, ou melhor, provocar no leitor a sensação de que cada pessoa tem, não o seu mundo, mas os seus mundos, construídos com as vicissitudes da vida, com as revoluções, com as surpresas, com monstros, com as vontades e os telefonemas do senhor ministro.

Quando o senhor ministro ligou às sete da manhã a mandar-me ir à quinta por ter uma vitela a parir, a minha mulher, acordada pelo telefone que atirei ao chão ao estender o braço para o aparelho, acendeu o candeeiro do lado dela, começou a fazer-me sinais para tapar o bocal
– Quem é Luís?
e de repente dei conta que vivia há trinta e cinco anos com um monstro
[…] o sapato vazio à espera de um Natal que não havia e se houvesse a melhor prenda que me podia dar era tornar-me viúvo, eu para a inquietação da fronha
– O ministro por causa de uma vaca ainda não foi a tua mãe descansa
a claridade de Setúbal nos estores igual ao âmbar da morgue onde o Cristo com cara de passador de droga, falecido de overdose, aguardava a autópsia na parede, as cortinas semelhantes a toalhas mortuárias
[…], a minha mulher a amainar devagarinho como um polvo adormece, mergulhando os tentáculos na areia do lençol
– Que alívio

Quem se confronta, pela primeira vez, com a escrita de António Lobo Antunes pode ficar admirado com a pontuação. Mas quando se entra na história parece inconcebível que a mesma pudesse ter sido pontuada de outra forma. É toda uma cadência e uma musicalidade que encaixam nas palavras que vão e vêm e nos tempos que se alternam. Noutros romances do autor acrescentar-se-ia a polifonia a este encaixe musical. Em O Manual dos Inquisidores a polifonia é extremamente forte mas, por outro lado, está muito bem organizada. As diferentes vozes estão muito mais claras e definidas do que em outras obras de Lobo Antunes. Mas a atenção continua a ser tão necessária para a leitura deste romance como de outros do escritor. «Faço tudo o que elas querem mas nunca tiro o chapéu da cabeça para que se saiba quem é o patrão» é uma frase repetida algumas vezes. O leitor desatento julgará estar a repetir a página lida. O leitor concentrado sabe que é o senhor ministro que talvez tenha regressado ao estábulo. Ou, desta vez, talvez à cozinha.

– A gente tem instruções do tribunal para selarmos tudo
para selar os corvos, o vento, as rãs, os eucaliptos, os murmúrios e as vozes do passado, selar a cozinheira estatelada de costas no altar e o meu pai de calças pelos tornozelos
– Faço tudo o que elas querem mas nunca tiro o chapéu da cabeça para que se saiba quem é o patrão

«Selar os corvos, o vento, as rãs, os eucaliptos» e tudo o mais até ao ministro com as calças pelos tornozelos, era selar um passado. Mas selar o passado não é possível. O passado pode ser desprezado, pode ser reconstruído, pode ser maltratado. Mas não pode ser banido. E chega ao presente muito mais do que em simples memórias. Lobo Antunes exibe de maneira magistral este entrelaçado de tempos. A narrativa não apresenta um tempo linear. Vai e vem. Não encerra nenhum período de forma estanque. É aberta. E é de forma aberta que termina o romance. Sem final. Sem, sequer, ponto final.
   
como hei-de explicar-lhe, como hei-de tornar isto claro, dizer ao pateta do meu filho que posso não ter sido mas que, posso ter falhado mas que, dizer ao pateta do meu filho, você compreende, dizer ao pateta do meu filho
peço-lhe que não se esqueça de dizer ao pateta do meu filho que apesar de tudo eu


por António Carinha
21.02.2013

11 de dezembro de 2011

Luiz Guilherme de Beaurepaire: opinião sobre O Manual dos Inquisidores

O Manual dos Inquisidores é uma inquisição do passado sobre o presente obscuro. Esse presente que padece com o peso da memória e sofre a debilidade quotidiana do simples existir. A trama procura desenvolver uma saga familiar fixada na ideia da casa, na figura do pai, o fantasma da mãe ausente e as mudanças impostas pelo tempo.

O livro fala sobre o fascismo em dois momentos: antes e depois da Revolução dos Cravos, cuja narração é feita por personagens que se sucedem e se alternam. É um romance escrito pelos próprios personagens que se revezam em depoimentos e comentários.

Lobo Antunes trabalha o romance no sentido de torná-lo intemporal, construindo uma amálgama do ontem e hoje. Os personagens são tipos sociais que não mostram nenhuma evolução com o passar dos anos, juntamente com a sociedade, e tornam-se difíceis de serem julgados. Não há personagens revolucionários, mesmos os pobres são conservadores. Eles têm o ponto de vista dos dominadores, reproduzem o discurso competente da ignorância em que vivem, devido a uma acomodação adquirida com o passar dos anos. Todos estão em um lado só. Todos são compostos a partir de monólogos interiores, delirantes, desagregados e fracassados, na finitude de seus próprios projectos existenciais, cauterizando sentimentos. As lutas sociais aqui não são o resultado da oposição entre a classe trabalhadora e o capital, mas um conflito de ordem cultural, religiosa e psíquica.

O romance é uma inquisição sobre a nulidade de um presente, cujo único projecto é a evocação do peso da memória. No entanto, o quotidiano é uma das forças maiores nos mecanismos da construção deste texto. O plano da representação ganha nele densidade social aguda e historicidade. O romance não é histórico, mas encontra em seu caminho a história. Razão e a desrazão confundem-se. O passado, o presente e o futuro são vividos simultaneamente, como filamentos da memória reflectindo-se no espelho quebrado das perdas da identidade. Uma fragmentada narrativa que, em vez de enfatizar a estética do fragmento, provoca a perda da comunicação de uma ideia, de uma representação distorcida do espaço comunicativo.

Relações de poder frustradas, relações amorosas fracassadas, que mostram um modus vivendi marcado por carências afectivas.

Quem são os inquisidores? Esse romance inquire sobre o passado, mas a partir da diversidade desconexa de identidades, ele inquire um país patriarcal, semi-agrícola, onde a corrupção, a ganância, a solidão, a ignorância generalizada, tanto dos poderosos quanto da gente humilde acabam por fazer um cocktail explosivo. O Manual dos Inquisidores nos fala sobre a relações de poder de um Ministro de Salazar - à volta do qual girará a própria narração do livro - que possuía “poderosas credenciais”, condecorado com a ordem nacional do: “você sabe com quem está falando?”

Mas, apesar de possuir tal “condecoração”, fora abandonado e traído pela esposa e a marca da traição estará presente em suas relações com as outras mulheres de uma forma ressentida. Um homem iludido, prepotente que acabará derrotado pela idade, pela senilidade. Um ministro despojado do amor e do poder, exilado numa clínica onde virá a perecer. Uma mistura da boçalidade camponesa e militar. Um perfil que reflecte a incultura, a passividade intelectual, as decepções afectivas e os impulsos do sexo, que representam parte da amostragem dessa história.

Todas essas facetas e uma narrativa envolvente montam o cenário plural que nos leva a acreditar na impossibilidade de uma comunicação efectiva nas relações humanas e a pensar na realidade que permeia o Manual e torna a todos inquisidores - réus de si mesmos.


Luiz Guilherme de Beaurepaire
Bons livros para ler
07.01.2011

3 de dezembro de 2011

Margaret Carson: opinião sobre O Manual dos Inquisidores


O romancista português António Lobo Antunes dedicou grande parte de sua carreira literária para evocar o período da história de seu país a partir dos anos finais da ditadura de Salazar, que terminou em 1968, com a transição tumultuosa para a democracia após a Revolução dos Cravos de 1974. Em O Manual dos Inquisidores, Antunes traz ao leitor a o relato impiedoso de um regime ditatorial brutal derrubado por uma revolução que capturou a atenção do mundo quando fotografias de civis colocando flores nas espingardas dos soldados foram passadas. Apesar de desenvolver um trabalho ficcional, Antunes incorpora as especificidades desse tempo no seu romance, usando funcionários governamentais da vida real como personagens secundárias, e recriando crimes e abusos que estão ainda vivos na memória de muitos portugueses.

À primeira vista, o romance parece imitar a estrutura de um estudo clínico, com passagens organizadas por capítulos intitulados de "Relato" ou "Comentário", mas o fluxo da consciência narrativa está longe de ser de tal forma simplista. O leitor deste ambicioso romance tem de juntar os relatos fragmentados de quase vinte personagens diferentes, cujas vozes distintas se movem para a frente e para trás no tempo ao longo de um período de quarenta anos. Esta narrativa não-linear e inconstante destabiliza o leitor, mas a complexidade da história acaba por tomar forma. Antunes joga com a noção de documentário, porém o relatório que oferece tem mais que ver com a memória fragmentada do que com uma transcrição científica. O autor aborda uma história conturbada, não estabelecendo o que dizem os factos, mas enfatizando o quanto é difícil de avaliar e compreender o passado.

Os tópicos principais da narrativa convergem na figura do Sr. Francisco, um ministro ficcional do gabinete de Salazar, dono de uma enorme quinta e casa senhorial nos arredores de Lisboa. "Faço tudo o que elas querem, mas não tiro o chapéu para que se saiba quem é o patrão", afirma, através da memória do seu filho anos mais tarde. Ser patrão significa poder escolher as criadas, a quem ele trata como gado (na verdade, um alvo da sua predação sexual vive no celeiro, e outra, grávida dele, dá à luz num estábulo, assistida por um veterinário).

De tempos a tempos o Primeiro Ministro reúne com o Sr. Francisco na quinta, sendo a sua visita precedida pela Guarda Nacional que abate dezenas de corvos para que o ditador paranóico não viesse a confundir  o grasnar das aves com uma multidão escarnecedora. O ditador idoso, cercado por um séquito de bajuladores secretários e guarda-costas que se dirigem a ele como "Professor Salazar," toma chá com o ministro, enquanto discutem quem deve ser interpelado e mandado para a cadeia. Depois de terem decidido, um simples telefonema para o "Major", o chefe da polícia secreta de Portugal, é o suficiente. O leitor reconhece o modus operandi do estado totalitário em todo o romance: os ficheiros secretos, os interrogatórios e as torturas, os assassínios sem julgamento.

A Revolução dos Cravos vem trazer efusiva alegria: "a rádio estilhaçava-se em cantorias, os automóveis buzinavam, as fábricas apitavam sem cessar" e o pandemónio instala-se na quinta. O ministro sabe que é hora da vingança, e despeja os criados e funcionários da propriedade, chamando-os "comunas" e ameaçando matá-los, enquanto atiça cães pastores alemães que percorrem a quinta. Um mês depois, quinta e casa está em ruínas (provavelmente saqueado pelos revolucionários que temia, embora não vemos essa cena), e o ex-ministro definha. Poucos anos depois é vítima de um derrame cerebral e acaba os dias num lar de idosos, impotente e mudo, meditando sobre as cenas de brutalidade do seu passado, incluindo sua própria iniciação como um jovem oficial sobre a violência da guerra de guerrilha na Angola colonial. Antunes sugere que essa exposição precoce à violência teve consequências a longo prazo para o ministro. Uma vez doutrinado para o uso da violência e da tortura para instilar o medo nos habitantes da colónia, o ministro estava bem preparado para assumir um papel semelhante na sua vida pessoal e pública.

O tradutor Richard Zenith fez um trabalho extraordinário que está sintonizado com as vozes características do original. Portugal entretanto tornou-se membro da União Europeia há mais de vinte anos, mas em O Manual dos Inquisidores, António Lobo Antunes deixa claro não permitir que o recém-próspero Portugal democrático esqueça o seu passado totalitário.


Margaret Carson
2007
[traduzido do inglês por José Alexandre Ramos]

11 de novembro de 2011

Andrei Barros Correia: opinião sobre O Manual dos Inquisidores

Gosto de escrever pela manhã. Mas terminei de ler O Manual dos Inquisidores agora e já é noite. As impressões estão fortes na cabeça, talvez não deva perder a oportunidade, mesmo que saia mal pensado e apressado.

Há dois anos, mais ou menos, o Miguel me dizia da leitura do Lobo Antunes que era difícil. Eu enchia a paciência dele a perguntar de autores portugueses, que excepto por Eça e Saramago pouca coisa tinha lido. Com a paciência de quem gosta do assunto, Miguel falava de um e outro. Do Lobo Antunes lembro-me da advertência.

Tanto que ficou muito para depois o Lobo Antunes, para agora. O homem facilita a percepção de que ele seja meio louco, diz que escreve talvez para remediar-se. Que escrever e ser psiquiatra são coisas próximas. E fica a parecer real, porque muito psiquiatra é médico para tratar de si mesmo. Mas, deixo isso para lá.

Não andei em busca de críticas e resenhas do livro, apenas li aquelas bobagens que vêm nas orelhas e nas contra-capas. Sempre são bobagens, é impressionante. O lugar-comum é decadência, embora ninguém saiba o que é isso. Querem significar com isso tempo, história?

Devem querer dizer história, porque é a coisa mais difícil de perceber que existe e, por isso mesmo, a que é chamada por mais nomes diferentes é multi-significantes. As personagens envelhecem e ficam decrépitas, é isso, acho, que leva o comentador a falar em decadência. Ora, decadência sempre há, não pode ser o elemento distintivo de alguma coisa.

O bom autor Lobo Antunes fala de história, é claro. Muito mais que de histórias particulares das personagens, mas da história de um período: o salazarismo do meio para o final. A história apreendida nas suas expressões em cada camada social, porque o quadro completa-se com as realidades múltiplas.

O formato do livro é quase destituído de surpresas, excepto para quem entenda linearidade como evolução cronológica ritmada. A linearidade narrativa do livro está na integração evidente das idas e vindas do tempo contado ao depois. Os episódios são perfeitamente necessários, uns aos outros.

Os relatos e comentários, partes que sempre se sucedem, são mudanças de ponto de vista, como fotografias de uma coisa tiradas a partir de locais diferentes e dão ideia de profundidade, porque assim pode-se relacionar as percepções diferentes de um episódio. É algo diferente de versões, devo apontar, são visões distintas de um mesmo processo.
 
Um processo que evidencia algo terrível e tão terrível que muitos ignorarão, porque somos treinados desde cedo para não ver esse ponto essencial. Nos processos históricos e mesmo naqueles que têm grandes mudanças políticas e rompimentos, há um grupo que nunca perde.

Há um grupo que sofre, aqui e acolá uns problemas, mas sempre arruma-se, permanece quase que acima da história. Por isso mesmo, é superficial falar em decadência ou, talvez, fale-se em decadência muito superficialmente. Ela acontece para os grupos movidos e para os indivíduos particularmente, mas não para um grupo. No livro, isso é claríssimo e, de tão terrível, ocupa somente uma porção inicial dele.

Por outro lado, a grande personagem do livro fez-me lembrar outro livro, por conta de uma associação bastante livre, que não é propriamente literária. Falo do Médico e o Monstro, de Stevenson, que geralmente é visto como algo meio extraordinário no sentido de ficcional, ou de algum terror.

O livrinho de Stevenson é das mais profundas análises da alma humana que se fizeram. Eles convivem em todos, o médico e o monstro, é questão de despertá-los. E convivem até pacificamente, é questão do médico perceber o monstro ou de não o perceber em absoluto. Se eles entendem-se razoavelmente, superficialmente, aí é que a convivência é conflituosa.

O Ministro do livro, o Ministro de Salazar que vai de poderoso a velho de sanatório, não percebe o monstro absolutamente. Até ao final ele não se vê além de como sempre se viu, então ele conta o que torturou por mandar, o que matou por mandar matar, o que comprou de gente por comprar e simplesmente conta.

Ele é a figura vulgaríssima de pessoa com apetites e meios para satisfazê-los, com apetites e sem meios para satisfazê-los;,mas sempre com apetites. O que muda são as disponibilidades dos meios o que equivale a dizer tempo. Ele é só ele, não tem propriamente pensamentos, mas recordações e apetites. Não tem crítica, mas imagens que se referem a ele e só a ele.

Um morto ou vários mortos, um morto na frente dele morto por ordem dele é um elemento de recordação que faz sentido na lembrança de toda sua vida, que é muito bem alinhavada na narrativa, a despeito das idas e vindas cronológicas e do texto sem vírgulas. Uma vida extremamente coerente, diga-se, quase uma vida de coerência da razão de Estado.

E as outras personagens, subsidiárias, evidentemente, são a mesma coisa. Claro que são coisas socialmente diferentes, mas fica evidente que feitas da mesma matéria. Elas são as suas posições sociais, enfim, são móveis de pouca ou nenhuma liberdade. O livro, e aqui devo dizer, é terrível para quem acredita em liberdade.

A única liberdade que há é de lembrar-se e de querer, de ter apetites. De tê-los e satisfazê-los, de tê-los e não os satisfazer, de continuar a tê-los e não os poder mais satisfazer, pouco importa. O que houve, todos os fragmentos, foram somente partes de uma trajectória, não implicam qualquer coisa que não se refira a si mesmo.

Várias personagens ligadas, como é de um romance ou novela, com vidas ligadas, deixam claro que as ligações são muito menos que cada um. Que cada um percebe o mundo em si e vai até ao final assim.


por Andrei Barros Correia
11.03.2011

4 de outubro de 2009

Gonçalo Figueiredo Augusto: opinião sobre O Manual dos Inquisidores


Que livro é este que provoca sorrisos e comove ao mesmo tempo? Que livro é este em que o humor se mistura com a mais violenta das realidades? O Manual dos Inquisidores é esse livro que nos apresenta - relato comentário relato comentário relato comentário - um Portugal antes e depois de uma golpe de estado. Logo no primeiro relato é-nos introduzido um ministro, um amigo de Salazar, um homem de cigarrilha e suspensórios, de chapéu
 
Faço tudo o que elas querem, mas nunca tiro o chapéu da cabeça para que se saiba quem é o patrão
 
um ministro, ou director-geral, ou outra coisa do género que só conhecemos pela voz dos outros até chegarmos ao final do livro. Um ministro que vamos conhecendo pela voz do filho, pela voz da governanta, pela voz da amante, pela voz de uma filha clandestina... Há uma quinta em Palmela, outrora digna de visitas de Salazar e de repente abandonada ao capim, aos limos do pântano e aos fantasmas do passado. O livro é uma constante oposição entre passado e presente. Ou se calhar não uma oposição já que passado e presente coexistem em permanente nas personagens e mesmo em nós próprios. A inquisição ao passado ganha forma à medida que o livro se aproxima do fim. E se repararmos bem o livro não tem fim, de facto. Poderia dizer que o livro retrata Portugal, mas isso não é verdade. O livro vai mais longe. As personagens vão expondo página após página um país hipócrita e mesquinho, uma realidade onde a violência, a ganância e a mediocridade coabitam. Os cenários podem mudar aparentemente - Palmela, Alverca, Odivelas, Praça do Chile... - mas na verdade é todo um mesmo cenário, da mesma forma que a quinta de Palmela é o refúgio onde todos os relatos vão mais tarde ou mais cedo parar. Não sei dizer se o livro espelha um Portugal de ditadura e um Portugal de pós-ditadura, porque na verdade o país é rigorosamente o mesmo. Apenas as pessoas vão cambiando a reboque das marés que se vão e vêm. Até que chegamos ao final sem chegarmos ao fim. Francisco, o senhor ministro ou seja lá o que for, recorda os horrores em África e remata, como uma súplica
 
peço-lhe que não se esqueça de dizer ao pateta do meu filho que apesar de tudo eu
 
da mesma maneira que engolimos em seco depois de fechar o livro e o pousarmos no colo sem entender muito bem se o livro acabou ou se nós mesmos acabámos de recomeçar.
 

por Gonçalo Figueiredo Augusto
26 Setembro 2009

25 de abril de 2008

José Alexandre Ramos: opinião sobre O Manual dos Inquisidores

O Manual dos Inquisidores, de António Lobo Antunes: Antes e depois

O décimo primeiro título da obra de António Lobo Antunes é, antes de tudo, agora que vão mais de uma vintena de livros escritos, uma ponte que liga a obra anterior à mais actual. Pode muito bem servir como ponto de partida para o leitor iniciante neste autor: prepara-o para prosseguir cronologicamente a fim de se inteirar da evolução do estilo da escrita até aos dias de hoje, ao mesmo tempo que lhe inspira curiosidade para ler a obra anterior, de mais fácil leitura mas nem por isso menos densa e rica. Para os leitores menos acostumados a um discurso analéptico onde muitas vezes se perde o fio condutor – porque a António Lobo Antunes não lhe interessa contar uma história mas expor o ser humano que somos –, onde uma única voz interpreta a voz de todas personagens, e resumindo: para o leitor que não está habituado a outro tipo de escrita diferente da do romance comum, com personagens, actos, cenários, espaços e tempos claramente definidos, iniciar-se na leitura de Lobo Antunes deverá ser gradual, começando do princípio, para que se habitue a incarnar os livros um a um para poder digerir os mais ricos e complexos sem grande dificuldade, principalmente a partir de Que Farei Quando Tudo Arde?. Essa iniciação pode ser feita com O Manual dos Inquisidores, cujo tema do antes e pós 25 de Abril, recorrente mais ou menos na maioria dos livros publicados até 2000, entusiasmará o leitor curioso para saber de nós portugueses durante todo esse período e para além dele.

Porém, desengane-se quem poderá pensar que se trata apenas de um romance de carácter político ou social, e desengane-se também quem procura aqui indícios de um romance histórico. O Manual dos Inquisidores, na continuidade dos anteriores, retrata personagens que nos são próximas, não tanto pelo que viveram na transição do regime político, mas pela sua condição humana: a vaidade, o poder, a frustração, a resignação, a fraqueza, a desilusão, a sua soberania e o desamparo, a ascensão e a degradação. Ingredientes que misturados num caldo de factores psicológicos e morais nos dá a matéria de que somos feitos, nós os portugueses: com muita facilidade nos podemos ver retratados, nos reconhecemos nas personagens que vão surgindo gradualmente, como que se apresentando umas às outras. Um jogo de espelhos, de que muito fala o autor nas suas entrevistas.

Se quiséssemos resumir o livro à história que tem por trás como argumento, diríamos que é um livro sobre um influente ministro do antigo regime, traído pela sua mulher e que após algum tempo se resigna, abusando do seu poder, tendo casos com as empregadas da sua quinta em Palmela, quinta onde recebia Salazar para orientações de como governar o país e que acaba num lar de idosos, na sua fase de decadência, depois de se ter isolado durante o período da revolução na sua quinta lutando contra a ameaça comunista, colocando todos os seus empregados na rua. Tem dois filhos: João, fruto do seu casamento, que cresce desamparado e medíocre, e Paula, nascida da aventura com a cozinheira e que é dada aos cuidados de uma viúva. Mas é tão pouco para dizer do que este livro trata, porque cada personagem, isto é, cada voz que vem falar, traz consigo outras histórias paralelas, uma vez que abordam, em constantes analepses, vivências passadas e presentes, entrelaçando-se com o que disse a personagem anterior e o que dirá a personagem que a seguir vem falar. As vozes mais presentes, no entanto, são do ministro Francisco, da sua Governanta Titina, do filho João e da filha Paula, e também da sua amante Milá. Todas estas personagens trazem consigo outras vozes que enriquecem não uma trama mas a vivência humana e o estado psicológico destas pessoas que atravessaram um momento conturbado da nossa história recente. Nota a salientar é que estas vozes, estas vivências e finalmente estas pessoas pretendem ser a voz de uma facção da sociedade desse momento histórico. Como disse o autor, o livro “é visto sempre pelas pessoas que estão todas de um lado só”, ou seja o “retrato daquilo que se chama direita visto pela própria direita” não havendo qualquer “personagem revolucionária”, mesmo incluindo as personagens que são mais pobres, os subordinados do ministro, a viúva que toma conta da filha bastarda, a mãe da amante, etc.

O humor, não sendo uma característica exclusiva deste livro uma vez que está presente em praticamente toda a obra de Lobo Antunes, faz com que O Manual dos Inquisidorestenha uma faceta alegre, algumas vezes assumindo a caricatura para desanuviar possíveis tensões na narrativa. Não há vilões e heróis: comovemo-nos com a ternura do ministro carente do amor da sua mulher, vivemos a angústia do filho na sua solidão, do seu grito mudo, da sua frustração por ser manipulado, sorrimos com a ambição medíocre da filha depois de tomar consciência de quem é o pai, condoemo-nos do amor silencioso da governanta pelo seu patrão, rimos das atitudes mesquinhas das personagens face às circunstâncias. São todas estas personagens pessoas, de osso carne sangue e nervos, capazes de ternura e atrocidade, de amor e violência, de piedade e indiferença para com os outros.

É um livro rico em fabulações, imagens e metáforas de toda a ordem que faz a delícia do leitor que só tem a ganhar com a sua leitura. Porque aprende. Definitivamente aprendemos a conhecermo-nos ao lermos António Lobo Antunes. Somos nós que lá estamos, antes e depois deste livro.



José Alexandre Ramos
25.04.2008

15 de abril de 2008

LN: opinião sobre O Manual dos Inquisidores


Foi o primeiro livro do António Lobo Antunes que li, e achei o universo do escritor fascinante.

O que me pareceu mais marcante, o que melhor caracteriza a escrita do autor, são as suas descrições muito violentas dos factos e das situações, descrições cruéis que incomodam o leitor, e que nos levam a interrogarmo-nos e a tentar entender estes personagens.

O Livro é composto por uma sequência de relatos e testemunhos dos diferentes personagens que intervêm na "história" principal que gira em torno da vida do Ministro de Salazar (Francisco) e de todos os personagens que passam pela vida da família, a mulher (Isabel), o filho(João), a governanta, a cozinheira, a filha , o caseiro, o motorista. Estes diferentes relatos dos acontecimentos vistos por a cada um dos personagens, torna a visão dos acontecimentos pelo leitor múltipla e revela muito sobre as características de cada personagem. Este permanente confronto de visões diferenciadas dadas pelos personagens permite uma visão geral dos acontecimentos e da situação social e politica que é o cenário que atravessa todo o livro.

A história passa-se ao longo de todo o período de ditadura com descrições impressionantes da violência da Policia Politica (PIDE), e da morte do general Humberto Delgado. Mas também do período pós revolução de abril com as mudanças e consequências que tiveram na vida das personagens.

Outra das grandes características do Lobo Antunes é o seu fantástico sentido de humor, e que percorre todo o livro utilizando uma grande ironia, fazendo caricaturas das personagens. É uma grande visão da sociedade portuguesa, uma imagem muito profunda da segunda metade do século vinte português. Penso que o que a obra de ALA representa hoje, será muito semelhante ao que representa a obra de Eça de Queiroz para o final do século XIX, é um grande observador da realidade, um grande cronista de costumes, e que sintetiza muito bem em algumas personagens certos "tipos" sociais marcantes do nosso tempo.
15.04.2008

4 de fevereiro de 2007

Manuel Barata disserta sobre O Manual dos Inquisidores


O Manual dos Inquisidores ou as misérias do estado novo

O MANUAL DOS INQUISIDORES, de António Lobo Antunes, é um romance que surpreende pela quantidade inusitada de narradores. Constituído por vinte e nove capítulos, a que o autor ora chama “comentário”(14) ora “relato” (15), sendo cada comentador e cada relator um narrador. As reincidências ocorrem nos chamados relatos: João (3), Titina (3), Paula (3), Milá (3) e Francisco (3). No tocante a comentários, não há reincidências. Os relatores antes enumerados são o filho (de Francisco e Isabel, a legítima), a governanta, a filha (de Francisco e da cozinheira), a amante de Francisco e o próprio Dr. Francisco. Toda a narrativa gira, por conseguinte, à volta deste Dr. Francisco, um prócere do chamado salazarismo e das pessoas que lhe estão mais próximas A inclusão de Titina no grupo dos relatores, compreende-se pelo facto de ela ser muito mais que uma mera governanta. D. Albertina é, com efeito, aquela que preenche o lugar deixado vago por Isabel, prodigalizando afecto ao filho e ao pai. Nomeadamente àquele, que ela considera seu filho. A inclusão de D. Albertina na categoria dos relatores, explica a exclusão de Isabel.

As narrativas com vários narradores não constituem novidade. Já nos finais do séc. XVIII, Choderlos de Laclos, nas suas celebérrimas Les Liaisons Dangereuses (1781), embora usando o género epistolar, construiu uma longa narrativa, na qual os autores de cartas também são muitos, mas sobressaindo largamente os protagonistas, Valmont e Marteuil. Em GENTE FELIZ COM LÁGRIMAS, João de Melo, autor coetâneo de António Lobo Antunes, institui uma quantidade notável de narradores, para nos dar, igualmente, uma extensa e bela obra de ficção narrativa. Estes são, todavia, apenas dois exemplos que me ocorrem enquanto escrevo.

Esta polifonia extremada, que é indubitavelmente importante sob o ponto de vista técnico-narrativo, que os universitários tanto apreciam, é-o ainda mais no que concerne à matéria narrada e a uma relação que se me afigura óbvia: história/História. Neste romance do autor de A MORTE DE CARLOS GARDEL são narradas, em simultâneo, duas histórias: a do Dr. Francisco, que fora director-geral da Pide e depois ministro do Dr. Salazar, que há-de ficar a ser ministro toda a vida, como se ser ou ter sido ministro de Salazar fosse um cargo ou título para o resto da vida; a do país, governado por Salazar, primeiro, e por Marcelo Caetano, depois, onde pontificavam aventesmas como esta personagem desta ficção antunesiana

Ainda relativamente ao mais alto cargo que terá desempenhado, a questão não é completamente esclarecida. A mãe de Sofia, numa daquelas inúmeras analepses, fala, com ironia, do tempo em que teria sido secretário de Estado; porém, os empregados do próprio e os funcionários do Estado com os quais se relaciona, nomeadamente o major, tratam-no sempre por ministro. Esta ambiguidade remete-nos para a forma anormal como o poder de Estado era exercido, onde tudo gravitava à volta do Príncipe e do seu círculo de amigos, sendo pouco relevante o cargo. No reino do puro arbítrio, este Dr. Francisco mandava espancar, metia e tirava pessoas da prisão e podia enviar para Cabo Verde, quem lhe aprouvesse.

Numa narrativa com tantas vozes e personagens, convém desde já deixar esclarecido que todos os relatores são personagens principais. Seguindo a ordem do texto: João, Titina, Paula, Milá e o próprio Dr. Francisco. Esta personagem, sempre presente ao longo dos relatos e comentários, é a primeira das principais e aquela à volta da qual se estrutura toda a intriga. Isabel também poderia ser incluída neste grupo de personagens; porém, o autor tê-la-á excluído pelas razões já aduzidas. Abandonou Francisco e o filho, trocando-os por Pedro, este, que, mais tarde, há-de ser o responsável pela destruição do casamento de João e pelo desaparecimento da quinta de Palmela. O comportamento adúltero de Isabel, que nunca quis responder à pergunta sacramental deste romance de António Lobo Antunes “Tu gostas de mim não gostas Isabel?”, há-de ter repercussões na vida de Francisco e das mulheres da quinta (a cozinheira e Odete), de Paula e de Milá, nomeadamente. Em suma, Isabel, para quem gostar ou não gostar não tinha qualquer significado, é a grande responsável pelo comportamento animalesco e louco de Francisco, que nunca conseguiu ultrapassar, num tempo de pensamento único e de princípios muito rígidos, o facto de a mulher o ter traído. É curioso notar também como aquilo que era importante para Francisco, não fazia qualquer sentido para Isabel: gostar.

HISTÓRIA(S)

De uma forma linear, a história deste romance de Lobo Antunes poder-se-ia resumir assim, como se se tratasse de um conto popular. Era uma vez um ministro e amigo de um Príncipe muito importante, que casou com uma senhora chamada Isabel. Levou-a para a sua quinta de Palmela, onde tinha governanta, cozinheira, caseiro, tractorista e outros trabalhadores. Cedo, a dita senhora se fartou da vida da quinta e do senhor da quinta, que começa a enganar com um tratante de nome Pedro, homem poderoso devido aos seus negócios. Do casamento do ministro com D. Isabel nascera entretanto um menino, de nome João, que é criado sem os cuidados da mãe e do pai.
 
A vida do casal, que nunca conhecera momentos de paixão, foi-se deteriorando, deteriorando, até que D. Isabel decidiu sair da quinta, abandonando o marido e o filho de tenra idade. Este cresceu com os cuidados e o afecto da governanta da casa, que se chamava Albertina. O pobre marido enganado pede a intervenção do chefe da polícia secreta do Príncipe, mas é aconselhado a não levantar ondas, porque o amante da senhora era homem de muito poder económico e financeiro e não podia ser molestado. Contrariado, o ministro acata a decisão do Príncipe, que lhe é transmitida pelo chefe da polícia secreta.
 
Daqui em diante assiste-se à degradação moral continuada do senhor da quinta de Palmela, que exerce o seu poder de uma forma despótica, nomeadamente no que concerne à sexualidade, onde predomina a mais pura das animalidades. Convém não esquecer que é o veterinário que assiste aos partos. Da relação do senhor da Quinta com a cozinheira nasce Paula, que é criada em Alcácer do Sal, longe dos progenitores, porque as aparências assim o exigiam.
 
O grotesco Dr. Francisco, no entanto, nunca esquece Isabel. E arranja mesmo uma namorada, a quem põe casa como se dizia então, e tenta que esta seja um duplo de Isabel. Através deste “arranjinho”, demonstra-se não só a arbitrariedade do poder, mas também o modo como se utilizavam abusivamente os meios do Estado, para que uma eminência do regime montasse o seu teatro. Milá chega a vestir roupas de Isabel e acompanha o Ministro a um encontro com Salazar, no forte de S. Julião.
 
Abreviando: o tempo passa e acontece o 25 de Abril. O universo de Francisco vai ruir como um baralho de cartas. Envelhece e é internado num lar, onde acaba por morrer. O casamento de João desfaz-se e a Quinta dá lugar a uma urbanização muito lucrativa para Pedro, o amante de Isabel. Paula ainda tenta ser herdeira de coisa nenhuma e João junta-se com uma empregada do Lar onde está internada D. Titina. Um fim muito triste, como diria, a rematar, o contador popular.

A QUINTA

A quinta é, por sinédoque, Portugal. O Dr. Francisco é o seu dono e nela exerce um poder despótico, que só foi desafiado por Pedro e Isabel. Naquele microcosmo, o proprietário é a Lei e o Direito. É amigo de Salazar e faz na sua propriedade o mesmo que o amigo faz ou permite que se faça no país. Traído pela mulher e impossibilitado de se vingar por razões de Estado, abusa sexualmente das mulheres da quinta, nomeadamente de Odete, a filha do caseiro, que é pouco mais do que uma criança. “Quietinha rapariga” há-de repetir Francisco inúmeras vezes, nos estábulos da quinta e contra as manjedouras. É assim como que um direito de pernada, mas com cheiro a urina e excrementos.

NOTAS FINAIS

A curiosidade maior deste romance do autor de Cus de Judas residirá, em minha opinião, no magistral tratamento do tempo, ou seja, no uso das anacronias, um incessante vaivém entre o presente da narrativa e a memória de cada narrador, que baralham qualquer leitor menos preparado.

As personagens, medíocres pela natureza das coisas, tendo sobrevivido ao grande naufrágio, com um pé no passado e outro no presente, apresentam marcas de profundos traumatismos, que as impossibilitam de compreender o presente. Dir-se-ia que o universo diegético é tão louco e perverso como perverso e louco foi o regime de Oliveira Salazar, que Lobo Antunes caricatura com imensa mestria.
 
Numa nota final, direi que algumas das personagens são totalmente inverosímeis, nomeadamente Titina que, apesar de ser governanta de um político amigo e ajudante do ditador de Santa Comba, não tinha que ser entendida em botânica. Num país de hortênsias, uma criada a falar de hidrângeas, francamente!

POST SCRIPTUM – Esta abordagem, necessariamente incompleta, fica a dever-se a questões extraordinárias da minha vida pessoal. Queria-a mais elaborada e minuciosa, porque considero O MANUAL DOS INQUISIDORES o melhor romance do autor. Porém, como não tenho mais tempo disponível para esta obra, deixo aqui o resultado despretensioso da minha leitura.


por Manuel Barata
12.11.2006

11 de junho de 2006

Patrícia Camargo disserta sobre O Manual dos Inquisidores


Ascensão e queda: a questão da traição na obra O Manual dos Inquisidores de António Lobo Antunes

"O autor é o que dá à inquietante linguagem da ficção, as suas unidades, os seus nós de coerência, a sua inserção no real".
(Michel Foucault, A ordem do discurso, 1999) 1


O significado do texto literário é algo construído ou produzido, em um processo de interação entre duas partes: o texto e o leitor. O papel do leitor é seguir as instruções ou orientações do texto e produzir o seu sentido que não representa algo, mas possui o caráter do acontecimento. O leitor percebe o texto de uma maneira global. A experiência da leitura não se dá apenas pelo texto em si, nem só pela subjetividade do leitor. Trata-se da junção destes dois fatores, o que inicia o processo de construção de sentido, no texto. Segundo Barthes(apud COMPAGNON, 1996), o leitor deveria encarar o ato da leitura como uma investigação, uma busca por pistas para desvendar o texto, já Iser(apud COMPAGNON, 1996) procura pensar a leitura como uma viagem, ou seja, cada nova leitura possibilita o leitor verificar novos detalhes até então despercebidos, pois a cada viagem podemos mudar nosso modo de construir nossa visão sobre o objeto estético.

Tendo em mente as abordagens teóricas acima citadas, podemos notar que os procedimentos de escrita utilizados por António Lobo Antunes apontam para uma estrutura fragmentada, estilhaçada, numa construção de base contemporânea, possibilitando assim uma grande gama de leituras, pois o autor procura construir seus personagens em estado de relato, por meio de representações mnemônicas dos discursos, articulados como texto, com a finalidade de interrogar/denunciar a ficções públicas portuguesas.

Nesse sentido, o tema central dessa obra aponta para a questão do poder, seja a manutenção do poder, o desejo de poder, todas as nuances referentes à microfísica do poder, sempre numa dupla perspectiva: no plano das questões "emocionais" das personagens, bem como, no plano da retrospectiva histórica portuguesa (denúncia das ficções públicas construídas no período ditatorial do salazarismo).

Os personagens ao longo da trama procuram relatar suas imagens mentais rememorando o tempo passado e mesclando os vários momentos de suas vidas, tanto em relação aos momentos de ascensão como os de queda em relação ao poder, criando assim imagens sobrepostas que formam uma estrutura caledoscópica. Nessa teia de discursos que ao longo da trama se adensam cada vez mais, podemos elaborar um número vasto de análises partindo dos relatos de qualquer um desses personagens. Uma possível leitura da obra é aquela que se refere à questão da traição ao poder, ficando bastante evidenciada em relação aos relatos referentes à personagem Isabel e dos relatos que fazem referencia ao caso do General Humberto Delgado.

Na perspectiva da denúncia da ficção pública do período ditatorial salazarista, Lobo Antunes articula os discursos das personagens sempre com um olhar retrospectivo sobre os acontecimentos históricos entrelaçados em suas próprias memórias afetivas. Logo, o caso ocorrido com o General Humberto Delgado é apresentado ao leitor por meio de um jogo entre elementos do real (fatos históricos) e uma construção ficcional, ou seja, através do relato do personagem Tomás, o motorista do ministro Francisco, que indagado por um suposto "interrogador", conta como esse episódio ocorreu.

De início Tomás se coloca numa postura de desconfiança procurando levar seus relatos para fatos mais corriqueiros, demonstrando o profundo medo de falar sobre questões políticas, que ainda pairava em Portugal, tempos depois da derrocada do governo salazarista. Mas o desejo de expurgar as dores sobre o fato ocorrido leva o personagem a narrar todo o horror promovido contra Humberto Delgado naquela noite fatídica.

Observa-se que Lobo Antunes ao criar esse jogo entre ficção e história, aborda um ponto crucial quando se pensa nas relações de poder, a questão do respeito ao poder, e a falta dele sendo encarada como traição. É notório que o General Humberto Delgado numa famosa entrevista realizada em maio de 1958 no café Chave de Ouro, quando lhe foi perguntado que postura tomaria face ao primeiro-ministro (Presidente do Conselho dos Ministros) António de Oliveira Salazar, respondeu com a célebre frase "Obviamente, demito-o", logo, esta frase incendiou os espíritos dos agitadores comunistas de então que o apoiaram e o aclamaram durante a campanha.

Salazar viu na pessoa de Humberto Delgado uma ameaça ao regime ditatorial, e com o caso do paquete "Santa Maria", que chamou a atenção do mundo para os problemas da ditadura portuguesa, Delgado enfureceu ainda mais o primeiro-ministro que primava por lançar mão de que a pátria portuguesa era um império do Minho ao Timor, buscando assim inculcar na mente do povo português ideias que não correspondiam à realidade por eles vivenciada.

Para Salazar, o ato de descredenciar os valores por ele estabelecido na sociedade portuguesa de então, realizado por Humberto Delgado, era algo encarado como uma traição máxima, pois não só primava por causar uma ameaça ao poder, mas também por desqualificar a pátria, uma humilhação ímpar, para um ditador que tinha no discurso de império sua máxima. Sendo assim, Delgado representava uma ameaça a ser extirpada, pois desmistificou os valores falidos do governo, causando na figura de Salazar uma profunda humilhação frente ao mundo. Logo, a sentença de morte veio apenas concretizar algo que já era de se esperar. Na narrativa, especificamente no XXIII relato, o da personagem Milá, há a descrição de um encontro entre o ministro Francisco e Salazar, onde os dois tramam o que fazer com o General Delgado:

major de torrada na mão, que mal o senhor ministro se afastou a combinar com o professor
Salazar o destino do general
(- Mata-se prende-se mata-se é melhor matar-se mata-se)
 2

Na maioria dos casos, das traições políticas, a punição para o traidor é a morte, não foi diferente no caso de Humberto Delgado, em fevereiro de 1965, na fronteira espanhola em Villanueva del Fresno, o general foi executado em uma emboscada a mando de Salazar. Porém, esse foi um momento decisivo para a derrocada do governo ditatorial português.

No transcorrer da trama de Lobo Antunes, vem à tona uma outra história de traição, no caso a traição conjugal da personagem Isabel em relação ao ministro Francisco. O leitor tem contato com os fatos ocorridos através das vozes de vários personagens que de alguma forma entraram em contato com esse caso de traição conjugal. E podemos observar como essas duas traições guardam muitas coisas em comum.

Em relação à traição executada pela personagem Isabel, temos de um lado a presença obscura da imagem da mãe nos relatos do personagem João, já que ela o abandou ainda muito pequeno, de outro vemos o discurso da governanta Titina que observava a questão de uma outra ótica, pois presenciou o transcorrer dos acontecimentos com uma certa proximidade. Porém, é preciso levar em consideração que Titina tinha uma motivação amorosa para com Francisco, logo, suas observações sobre Isabel deixam transparecer essas emoções, não são palavras de modo algum inocentes, esses relatos estão contaminados pelos desejos de Titina, ou seja, é a visão da personagem sobre o assunto.
No relato X, do veterinário Luís, há algumas pistas esclarecedoras sobre a questão da humilhação pela qual Francisco passou depois da traição de Isabel, vejamos:

E ainda que os matasse a todos os desenhos e as palavras lá estavam a gritarem de troça furando a camada de cal
O MINISTRO É CORNUDO
E como é que se faz para apagar a humilhação, o ultraje, 
(...) proibiu todos de conversarem fosse com quem fosse. 3
 
Para uma pessoa importante, um ministro do governo, amigo próximo do primeiro-ministro Salazar, passar por uma humilhação desse porte era algo extremo. Se no momento em que casou com Isabel, Francisco julgou estar vivendo seu momento de apogeu, tendo um cargo de confiança junto ao governo, uma família feliz, uma quinta bem cuidada, ou seja, um prenúncio de uma vida cada vez mais próspera e bem sucedida, com a traição de Isabel sua derrocada começa a se delinear. Tanto assim, que é justamente a partir desse momento que Francisco começa a exercer toda sua tirania em relação aos seus subordinados (os constantes abusos sexuais da empregada e a da filha do caseiro, por exemplo, sempre permeados da frase: "Faço tudo o que elas querem mas nunca tiro o chapéu para que saiba quem é o patrão" 4) sugere a forte necessidade de auto-afirmação por parte do personagem.

Na tentativa de sanar a dor da ausência da esposa, Francisco tenta criar uma "outra" Isabel através de Milá, e a moça por uma questão financeira se vê obrigada a ficar subordinada aos caprichos do ministro. Milá segue num processo de despersonalização, de perda de identidade, pois Francisco procurava estabelecer um sistema de manutenção do poder, obrigando a moça a vestir-se e agir tal qual Isabel. Quanto a essas formas de organização do poder, Michel Foucault nos diz:

Mas quando penso na mecânica do poder, penso em sua forma capilar de existir, no ponto em que o poder encontra o nível dos indivíduos, atinge seus corpos, vem se inserir em seus gestos, suas atitudes, seus discursos, sua aprendizagem, sua vida quotidiana. 5

Nessa luta pela manutenção do poder Francisco não poupou esforços, ocorre que a vergonha e a humilhação acarretada pela traição fizeram com que ele partisse em uma luta incessante por encontrar Isabel, a fim de entender o motivo da traição. Observamos que ao encontrar a esposa vivendo em uma condição social bem inferior aquela proporcionada por ele, Francisco se desespera, pois não entende os reais motivos daquela situação. Ele só consegue pensar que ela jamais o amou, e que foi um amor por outro homem que a fez se sujeitar àquela situação.

Esse caso só fica de fato esclarecido no relato de Isabel, onde ela mostra claramente porque resolveu abandonar o lar e partir. As circunstancias que uniram Isabel a Francisco foram as mais conturbadas possíveis, por conta disso ela nunca se sentiu inserida numa relação familiar bem estabelecida, jamais sentiu um afeto maior por seu marido, recebia por parte dele uma cobrança excessiva em relação aos seus sentimentos. Francisco repetia exaustivamente: "Gostas de mim não gostas Isabel?" 6. E essa cobrança extrema, doentia, essa exigência de amor era algo insuportável para personagem.

Isabel não compreendia essa insistência, pois seu pai e seu filho jamais cobraram isso dela, por isso tinha uma enorme vontade de perguntar: "A que chamas gostar Francisco?"7, porque o conceito de amor de ambos era bem divergente. Tanto assim, que no relato de Isabel percebemos que as intenções em relação a Pedro não foram motivadas por um "amor maior", o abandono do lar se deu por conta de uma busca por um modo de sentir-se livre. Ela sabia que seu relacionamento com Pedro também não passava de uma farsa tal qual o casamento com Francisco. Podemos observar isso na seguinte passagem: "Eu que não lhe pedira nada, que não queria nada, a quem não apetecia nada salvo estar sozinha sem homens a perseguirem-me com seus interrogatórios sem sentido" 8. Ela afirma também:

Foi para ficar sozinha que aceitei o apartamento em Lisboa, uma sala, uma marquise onde não me inquietavam, não me aborreciam, não me visitavam nem me tocavam nem me faziam perguntas, onde me deixavam em paz. 9

O desejo de Isabel era ser livre, ser dona de sua própria vida, não ter de dar satisfações de seus sentimentos. Em tempo algum ela demonstrou querer ferir os sentimentos de Francisco, mas como não havia diálogo entre as partes, ele acreditava na traição pura e simples e a punição para os traidores, assim como no caso do General Humberto Delgado, Isabel também é punida com a morte.

Pensando no sentido dicionarizado do conceito traição, que vem do latim "traditione", significando conduta ou defeito de quem, perfidamente, entrega, denuncia ou vende alguém ou alguma coisa ao inimigo, consubstanciando-se em infidelidade, perfídia, deslealdade. Traidor, por outro lado, vem do latim "traditore", ou seja, aquele que atraiçoa, sendo perigoso com aparência de seguro. O traidor, assim, é sempre insidioso, disfarçando o seu escopo através da perfídia, do estratagema. Nesse caso, os dois casos guardam enormes semelhanças: tanto Isabel, quanto General Delgado ambos tinham um desejo de liberdade frente a formas opressoras de poder. Nessa busca por serem livres enfrentaram o poder sem medo, sendo por isso considerados traidores.

Observamos então que depois dessas "traições" de Isabel e Humberto Delgado, eles também sofreram uma forma de "traição mortal" por parte de seus algozes, e em muito pouco tempo depois tanto Francisco como Salazar passaram da ascensão à queda total por conta desses atos.

Ou seja, António Lobo Antunes consegue criar uma construção literária que integra perfeitamente essa dupla perspectiva, tanto no plano das questões emocionais das personagens, como na retrospectiva histórica portuguesa, trabalhando a questão da memória de um modo singular, assim como afirma Andréas Huyssen:

Não requer muita sofisticação teórica ver que todas as representações - sejam na linguagem, na narrativa, na imagem ou no som gravado - estão baseadas na memória. Representação sempre vem depois, embora alguns meios de comunicação tentem nos fornecer a ilusão da "pura presença". Mas ao invés de nos guiar até alguma origem supostamente autêntica, ou nos dar um acesso verificável ao real, a memória, até mesmo, ou especialmente, por vir sempre depois, é em si baseada na representação. O passado não está simplesmente ali na memória, mas tem de ser articulado para se transformar em memória. 10
 
E assim, podemos constatar que esse processo de transformação/articulação do passado em memória é algo muito explorado por Lobo Antunes em sua construção ficcional. Sendo suas obras construções contemporâneas que obrigam o leitor a empreitar sempre novas "investigações", como prega Barthes, e sair de sua condição de leitor passivo, como advoga Iser , ou seja, estimulando o leitor a embarcar nessa "viagem" que nos faz mudar de visão a cada nova leitura.


Notas
1 FOUCAULT, Michel. A Ordem do Discurso. São Paulo: Edições Loyola, 1996, p. 97.
2 ANTUNES, António Lobo.O Manual dos Inquisidores. Lisboa: Dom Quixote, 1997, p.336/337.
3 Op. cit., p. 163.
4 Op. cit., p. 13.
5 FOUCAULT, Michel. Microfísica do poder, 3 ed. Rio de Janeiro: Edições Graal, 1982, p. 108.
6 ANTUNES, António Lobo.O Manual dos Inquisidores. Lisboa: Dom Quixote, 1997, p.396.
7 Op. cit., p. 397.
8 Op. cit., p. 400. (Grifo próprio)
9 Op. cit., p. 400.
10 HUYSSEN, Andréas. Memórias do Modernismo. Rio de Janeiro: Ed. UFRJ, 1997, p. 14.

REFERÊNCIAS BIBLIOGRÁFICAS
ANTUNES, António Lobo.O Manual dos Inquisidores. Lisboa: Dom Quixote, 1997.
COMPAGNON, Antoine. O demônio da teoria: literatura e senso comum. Belo Horizonte: UFMG, 2003.
FOUCAULT, Michel. A Ordem do Discurso. São Paulo: Edições Loyola, 1996.
FOUCAULT, Michel. Microfísica do poder, 3 ed. Rio de Janeiro: Edições Graal, 1982.
HUYSSEN, Andréas. Memórias do Modernismo. Rio de Janeiro: Ed. UFRJ, 1997.


por Patrícia Camargo
[não datado]

27 de dezembro de 2005

Eduardo Alves: opinião sobre O Manual dos Inquisidores

Por entre uma salada russa feita de ingredientes sociais com bêbedos, pobres, oportunistas e simples sonhadores surge um conjunto restrito de pessoas. Escolhidas pelo autor para constarem como personagens de monta num livro histórico e intemporal. O burburinho social que se vive logo após o mês de Abril do ano de 1974 serve de sustentação a este retrato colectivo que António Lobo Antunes imprime na chapa da escrita. Como uma foto feita de palavras, o médico-escritor, narrador por excelência, transforma-se na consciência de um povo que tinha acabado de cair por terra e começa agora a erguer-se do chão.

O fascismo aparece como grande herança do regime salazarista. Isto porque, na óptica deste antigo combatente, a sociedade mal se transformou com a revolução, apenas se maquilhou para surgir com uma outra imagem, mas da mesma forma. Desigual, carregada de vícios e sustentada por jogo de poder. Um dos ministros de Salazar ganha mesmo o estatuto de personagem principal em dezenas de páginas do romance. A crueldade das decisões vai contrastando com a capacidade de bem-querer a alguns. Poder e liberdade de acção extravasam para alguns, enquanto a maioria, os pobres que já estavam na miséria, sentiam na pele e no corpo os malefícios destas políticas. Para aqueles que levantavam a voz, a polícia vinha com “estalos evangélicos” colocar o tom de voz num timbre mais baixo. Leitura intemporal, que ainda hoje encontra muitas semelhanças com a realidade.

por Eduardo Alves
Universidade da Beira Interior
Novembro de 2004

5 de setembro de 2005

Matilde Ferreira Neves: Comentário a O Manual dos Inquisidores


«(...) os operários da fábrica que discursavam na rua a tratarem-nos por camaradas, a prometerem-nos casas de graça, a afirmarem que éramos livres e eu pensei

- Livres de quê?

já que a miséria permanecia a mesma só que com mais gritaria, mais bêbedos e mais desordem por não haver polícia» - Eis o retrato do pós de 25 de Abril que Lobo Antunes nos desenha em traços de quase caricatura no seu livro O Manual dos Inquisidores.

Uma obra que nos fala acerca do fascismo vigente antes e mesmo depois do 25 de Abril cuja narração é feita por personagens que se sucedem e alternam, que se revelam ao serem inquiridas por um narrador incógnito (trata-se, no fundo, de um romance eleborado pelas próprias personagens). O autor trabalha este romance no sentido de torná-lo, de algum modo, intemporal, constituindo uma amálgama do ontem e do hoje, apresentando-nos um elenco de tipos sociais que ainda persiste nos nossos dias, na tentativa de mostrar-nos que, se calhar, a sociedade não terá evoluído tanto como as pessoas o pretendem.

Temporalmente situado entre os anos 60 e 70, o Manual dos Inquisidores relata-nos as relações de poder de um ministro de Salazar, à volta do qual girará a própria narração do livro. Ministro que sendo cruel, é também capaz de amar, que sendo duro, é também carente, que abandonado e traído pela esposa, tentará reencontrá-la em outras mulheres, ora de forma agressiva e máscula («- Faço tudo o que elas querem mas nunca tiro o chapéu da cabeça para que se saiba quem é o patrão.»), ora de forma terna («(- Isabel

o meu pai em segredo, de lábios contra o chão, de ventre contra o chão

- Isabel

o meu pai quase terno

- Isabel)»). - Pinta-se, no decorrer da obra, o retrato de um homem prepotente e iludido pelo próprio poder, confrontado, no limite, com a solidão e com os seus fantasmas pessoais, que acabará derrotado pela idade e pela senilidade a ela inerente, vencido por uma obssessão extrema contra os comunistas, que o seu filho saberá descrever: «o meu pai que um ano depois da revolução teimava em esperar os comunistas (...)

- Já não há nada que me consigam tirar».-Um ministro despojado do amor e do poder, que se transformará numa sombra apenas, exilado numa clínica onde virá a perecer.

O Manual dos Inquisidores é um livro que reflecte o poder e os seus abusos na época salazarista(«aquilo que um protegido do professor Salazar afirma, por mais estranho que seja, ou é verdade ou os jornais vão garantir amanhã que é verdade o que equivale ao mesmo, e se a gente os contraria dá com os costados na polícia, de farol na cara e um chefe de brigada a convencer-nos com estalos evangelizadores, de que lado se acham o interesse do país, a virtude e a razão.»); no qual a gente pobre, conformada, apesar da miséria, não sentia pena nem raiva, nem nada, a não ser algum conforto por ainda persistir.

Uma viagem alucinante, ao real que nos transtorna e que, por vezes, nos leva ao riso: «e após a morte do meu pobre ofereceram-me um pobre mais novo que durasse mais tempo, saudável, ainda sem tosse, baptizado e com as vacinas em dia, aconselhado pelo senhor prior por não ter vícios nem ser capaz de me faltar ao respeito, que tive de mandar embora no Natal seguinte e de me queixar da sua falta de educação nas noelistas porque caí na asneira de lhe dar dez escudos e ao recomendar-lhe

- Agora veja lá não gaste isso tudo em aguardente

respondeu-me malcriadíssimo a virar e a revirar a moeda

- Claro que não menina claro que não fique descansada que vou direitinho ao stand e compro um Alfa Romeo»).

Relações de poder frustradas, relações amorosas falhadas, que deixam entrever as carências mais diversas («e no entanto eu gostava de si pai, gostava de si, não fui capaz de dizer-lhe mas gostava de si», «o meu pai que não me recordo de conversar comigo, me dar um beijo, me pegar ao colo»).

Um romance real e humano que, apesar de tudo, termina com o ministro esperançoso, cuja frase inacabada que fecha o livro nos relembra, talvez, que fica sempre algo por dizer...


por Matilde Ferreira Neves
citado daqui
[não datado]

27 de setembro de 2004

Diogo Mainardi: sobre O Manual dos Inquisidores


António Lobo Antunes é um dos mais importantes escritores portugueses da atualidade. Leitura obrigatória, portanto. Brasileiros precisam conhecer os escritores portugueses, portugueses precisam conhecer os brasileiros. É a ordem natural das coisas, para citar o título de um de seus romances precedentes. Por menos que se goste de Lobo Antunes, é necessário publicá-lo, é necessário lê-lo, é necessário resenhá-lo, mesmo quando se trata de seus livros mais fracos. Literatura demanda uma certa dose de disciplina, de rigor.

Rigor, de fato, é o termo adequado para definir O Manual dos Inquisidores (Editora Rocco; 380 páginas), lançado em Portugal em 1996. Com um rigor inquisitorial, Lobo Antunes reconstrói os últimos anos de vida de um potente ministro da ditadura Salazar, colhendo depoimentos de todas as pessoas que o circundam. O filho, no dia de seu divórcio, recorda a quinta em que moravam e a ruína financeira de sua família, logo depois do fim do regime. A filha do caseiro fala a respeito das violências sexuais que sofreu por parte do ministro, e a fúria que ele manifestou ao tomar conhecimento da queda da ditadura, quando enxotou a coronhadas todos os empregados da quinta, acusando-os de ser comunistas. A filha ilegítima do ministro com a cozinheira, criada por uma viúva cujo marido morreu devorado por um crocodilo em Angola, lembra o momento em que foi apresentada pela primeira vez ao pai e ao irmão. A cozinheira relata a chegada à quinta de Marcelo Caetano, escolhido como sucessor de Salazar, apesar da hostilidade do ministro e de seus amigos militares, que viviam planejando golpes para derrubá-lo. O próprio ministro, agora internado numa casa de repouso, senil e incontinente, revive o levante de Angola em 1961, e o terror que sentiu naquela circunstância.

Herança da ditadura — Em meio a tantos fragmentos de história, o que falta ao romance é uma trama propriamente dita. Há o episódio da jovem Milá, contratada para interpretar o papel da antiga mulher do ministro, Isabel, que o abandonara pelo amante, muitos anos antes. Milá é paga pelo ministro para vestir-se como Isabel, comportar-se como Isabel, responder ao nome Isabel. Mas esse é apenas um detalhe meio patético do livro. O ponto central de O Manual dos Inquisidores, na verdade, é seu pano de fundo político e histórico: a passagem das quatro décadas de ditadura à chamada Revolução dos Cravos, de 1974. Lobo Antunes apresenta o totalitarismo salazarista de modo perfeitamente convencional, caracterizando-o como um regime arcaizante, que imobilizou Portugal em suas velhas estruturas do começo do século. Nenhuma novidade em relação ao que já sabemos. Por outro lado, ele tenta mostrar a herança da ditadura por meio dos personagens que transitam de uma época para a outra, como o filho do ministro, esmagado pela figura autoritária do pai.

É possível que O Manual dos Inquisidores, descrito dessa maneira, pareça pouco atraente. Trata-se de uma injustiça do resenhista. Lobo Antunes é um autor corajoso que sempre se aventura em arriscadas experiências narrativas. E o faz na nossa língua, usando-a bem melhor do que todos nós. Ou seja, é fundamental, mesmo quando erra. Leitura obrigatória.

por Diogo Mainardi
08.07.1998

Crónica «Nós» com reflexão sobre a sua leitura por Olga Fonseca

Nós Não precisávamos de falar. Como ele dizia – Tu sabes sempre o que eu estou a pensar e eu sei sempre o que tu estás a pensar ...